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17 Noviembre 2009 , archivado en la(s) categoría(s) Estudios y Proyectos.

El streaming se configura como alternativa relevante para el consumo de cine

Solo el 27% del cine que se consume son estrenos.

Internet es la fuente más utilizada para informarse, siendo además la fuente que se considera más importante. 

 Dos de cada tres informantes destacan que las descargas permiten acceder a contenidos que no encuentran de otro modo.

 Uno de cada dos internautas dice haber visto contenidos de cine vía streaming: entre quienes han accedido a contenidos de este modo, un 42% muestra cierta disposición (seguro más probable) a pagar hasta 2 euros por ver una película en streaming.

 The Cocktail Analysis
acaba de poner en marcha el Observatorio sobre ocio y consumos culturales y lo ha hecho en colaboración con Partigi
, una nueva web que inicia en estos días su andadura en Internet y que está orientada a ayudar a sus miembros a elegir su próximo producto cultural en base a los gustos y consumos de sus amigos, haciendo así honor a su nombre (Partigi significa “compartir” en esperanto).

 El Observatorio, que dará continuidad a su labor con acciones de investigación regulares, se estrena con un estudio online en el que han participado más de 800 internautas y cuyo objetivo ha sido sondear los hábitos de los internautas españoles en torno al cine (¡por algún sitio había que empezar!): qué cine prefieren, de quién se fían a la hora de escoger qué ver, cómo utilizan la red para informarse acerca de cine o para conseguirlo, qué necesidades o carencias existen en este ámbito…

 Algunos de los resultados son reveladores, como los que dibujan una diferencia muy amplia entre quienes gastan más y menos dinero en cultura al mes (el gasto medio de quienes invierten en cultura menos de 50€ al mes es de sólo 18€, mientras que el de quienes invierten más de esa cantidad es 5 veces superior, 103€). Por otra parte, quienes más gastan en cultura no lo hacen sólo en productos ‘clásicos’ (teatro, exposiciones, libros) sino también en comprar videojuegos y, de hecho, es en estos productos donde las diferencias en gasto son mayores con respecto a quienes menos gastan en cultura, por lo que parece esbozarse un nuevo ‘consumidor cultural’ heterogéneo y versátil en sus gustos, capaz incluso de redefinir lo que ha de considerarse “cultura”.

 Con respecto al cine, llama la atención que la preferencia por los estrenos, siendo alta no es aplastante: aunque el 27% del cine consumido son estrenos (ya sea en el cine o en casa), el 40% de las películas que ven los encuestados son de la última década pero no se trata de estrenos y en total más del 70% del cine consumido tampoco pertenece a esta categoría. Por su parte, el consumo de cine en versión original subtitulada se ha revelado minoritario pero no anecdótico (16% del total de cine consumido) y parece existir en este campo una demanda no cubierta: la satisfacción en torno a la oferta de cine subtitulado es baja (un 35% de los encuestados está “poco” o “muy poco satisfecho”) y la mitad declara que vería más cine en versión original si el acceso al mismo fuese más fácil. 

¿Y cómo se informan los encuestados sobre el panorama cinematográfico? Como no resulta extraño tratándose de un estudio online, Internet es la principal fuente utilizada por los encuestados para obtener información: recurre a ella el 81% y es considerada la fuente más importante de entre todas por el 44%. Los amigos y conocidos son la segunda fuente más utilizada para informarse (69%) y es considerada la más importante por uno de cada tres encuestados. 

Pero informarse en Internet puede querer decir muchas cosas… ¿A qué nos estamos refiriendo? Los resultados indican que si bien los buscadores juegan un papel relevante en estos procesos de búsqueda de información (la mitad de los encuestados recurre a ellos) destaca también la gran variedad de *sites* a los que se recurre de forma directa para “ilustrarse” sobre cine: webs especializadas, secciones sobre cine en portales genéricos, periódicos online, webs de las salas, blogs…), lo que apuntaría a la existencia de un internauta curioso, proactivo y de amplios recursos.

 ¿Y qué se hace cuando se trata de decidir qué ver? ¿Quién es actualmente el principal agente prescriptor, el que más capacidad de influencia tiene? El 56% de los encuestados se ‘fía’ en primer lugar de familiares, amigos y conocidos para obtener recomendaciones, porcentaje que sube por encima del 80% si hablamos también de ser considerada como la segunda fuente más fiable. Muy lejos de estas cifras quedan todas las demás fuentes de recomendación en cuanto a la confianza que suscitan: ni la publicidad ni los críticos ni los rankings publicados ni las webs independientes se acercan siquiera a nuestros ‘iguales’ en la confianza que nos suscitan para sugerir y recomendar cine.

 Así pues, al margen de algunos tópicos que también confirma el estudio como las diferencias entre hombres y mujeres con respecto a las preferencias por géneros cinematográficos o la mayor cercanía de los más jóvenes a Internet se vislumbra un nuevo escenario que Álvaro Ortiz, responsable de Partigi, resume así: 

 “parece que los gustos y los consumos culturales son modelados de forma proactiva y a la vez cambiante por las personas; personas que recurren a Internet como fuente de contenidos y como herramienta para informarse pero que a la vez siguen concediendo enorme credibilidad (o tal vez se la conceden ahora más que nunca) a lo que sus ‘iguales’ piensan y sugieren, por encima de otros canales de comunicación y de creación de opinión; es precisamente en ese terreno sobre el que quiere construirse Partigi”.

 Pero el estudio aborda más cuestiones, entre las que no podían faltar las descargas P2P: los resultados indican un recurso frecuente a las mismas (3 de cada 4 encuestados descarga películas) si bien el streaming parece estar emergiendo de forma notable, puesto que la mitad de los encuestados dice haberlo utilizado en alguna ocasión

De ambas tecnologías los usuarios destacan su gratuidad, rapidez y facilidad, pero es llamativo el número de encuestados que afirma que se trata de vías que permiten acceder a “contenidos que no se encuentran de otro modo” (el 63% está “de acuerdo” o “muy de acuerdo” con esta afirmación para las descargas y el 60% para el streaming, porcentajes que además aumentan entre el perfil de consumidores con mayor disposición al gasto en cultura, donde sube hasta el 78% en el caso de las descargas). Así, el recurso al P2P o al streaming como fuente de contenidos está motivada no sólo por factores económicos sino también por ser percibido en ocasiones como la única manera de hacerse con los contenidos deseados.

 De hecho, el estudio detecta una interesante disposición al pago por streaming: el 42% de los encuestados declara que “pagaría 2€ por ver películas en streaming con buena calidad de imagen y sonido”, mientras que otro importante 30% se mantiene en el terreno de la duda (“no sé si lo pagaría”), con probabilidad a la espera de evaluar la oferta efectiva. 

Si compartir criterios y gustos de forma horizontal es al mismo tiempo una estrategia y una demanda, los consumos culturales han de dar alguna que otra sorpresa en el futuro próximo y es ahí donde pretende seguir buceando el Observatorio sobre ocio y consumos culturales. Mientras tanto, puede accederse al informe de resultados completo de esta oleada, disponible en PDF aquí

También, siguiendo con nuestra política de liberación de datos de los estudios internos que realizamos, podéis descargaros el cuestionario y el fichero de datos aquí (/uploads/2009/11/cuestionario_y_datos_observatorio_cultural.zip).

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